HUGO ALAS
DIARIO DE UN DUELO
PARADISO
Páginas: 280
Formato:
Peso: 0.27 kgs.
ISBN: 978-631-6682-14-7
Quiero nombrar algunas madres de la literatura. La de Proust, en la que el niño
esperaba hasta que se le cerraban los ojos para que le leyera y le diera el beso de
las buenas noches. La madre en la novela de Elio Victorini: Coloquio en Sicilia, en
donde el hijo viaja en tren desde Milán hasta Sicilia; una conversación con su
madre que ha sido abandonada por el padre. La inolvidable Addie, la madre de
Mientras yo agonizo de Faulkner, en que los hijos carpinteros construyen y
clavetean su ataúd, tan cerca de ella que hasta sospechamos que escuchó esa
música fúnebre al ritmo sureño de su corazón que dejaba de latir.
Diario de un duelo narra a una madre de 80 años que no padece los tres fantasmas
tan temidos (la enfermedad, el geriátrico y la muerte). Por el contrario, esta señora
octogenaria se va a casar.
Rodolfo, su hijo, la describe según unas fotos antiguas de ella. Lleva anteojos
oscuros, está en una playa, vestida, un pañuelo como una ola envolvente
enmarcaba su rostro y una sonrisa entre triste y sensual.
El primer rasgo que diferencia a esta mujer, es que fue hermosa, diferente a todos
en esa familia. Pero el misterio de esa belleza ni siquiera esconde el retrato de una
Dorian Gray femenina, es acechado casi en estilo de una novela gótica por el
peligro de la herencia y la reaparición hamletiana de su marido muerto, que se
llama Domingo y no Hamlet.
Lo atrapante de esta novela es el tratamiento de la realidad. En medio de la fiesta
de casamiento, Rodolfo recuerda una pesadilla recurrente de la infancia: una nave
alienígena baja en la terraza de su casa. Despertaba horrorizado, transpirando.
Entonces se produce la ceremonia nupcial: abren las puertas y entra la madre del
brazo de dos personajes, el joven y el viejo, uno a cada lado. Además, la acompañan
ambos hermanos. En total, cuatro conduciéndola al altar. Rodolfo ríe aliviado por
estar en otro lugar. Se entretiene mirando las sombras de los presentes, reflejadas
en los altos vitrales de la catedral. Pero no encuentra la suya, ha perdido su
sombra.
A partir de esta escena, comienza otra novela. Un drama shakespeariano o los
personajes góticos de Los hechizados de Gombrowicz.
La novela incurre en el pasaje de dos registros, donde el hecho más cotidiano
puede ser una pesadilla o una pesadilla el hecho más cotidiano. Este estilo que el
autor usa con eficacia le otorga el pasaje verosímil de un mundo a otro. El misterio
comenzó antes bajo la forma de una amenaza, de una pregunta latente: ¿con quién
se ha casado la madre?
Luis Gusmán